Archivos Mensuales: febrero 2016

Un antidoto contra los conflictos. Juan Vaello

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La ESE es el entrenamientos de los alumnos (y del profesor) en una serie de habilidades sociales y emocionales que contribuyen a su desarrollo emocional y forman un lecho sobre el que se asienta el aprendizaje cognitivo.

 

El aula (y el centro escolar) es un lugar de aprendizaje de competencias cognitivas y socio-emocionales, entre otras. La falta de competencias  cognitivas se plasma en bajos resultados académicos, mientras la falta de competencias socio-emocionales se materializa en la aparición de conflictos, generalmente interpersonales, que normalmente acaban reflejados en las quejas manifestadas por escrito por los profesores en forma de partes o amonestaciones disciplinarias. No se puede hablar, por tanto, por separado de rendimiento académico y de convivencia: forman parte de un único currículo, si se entiende éste como instrumento al servicio de una formación integral y un desarrollo personal equilibrado. Casi todos los conflictos presentes en las aulas son un reflejo de la ausencia de competencias socio-emocionales: falta de respeto y autocontrol, agresividad, desmotivación, ausencia de límites… son ejemplos de problemas que caen absolutamente dentro del ámbito de lo socio-emocional. Desde este punto de vista, deben ser contemplados como señales de carencias competenciales y ser considerados como ocasiones aprovechables para educar-entrenar socio-emocionalmente a los alumnos mediante la corrección sistemática de conductas y actitudes inadecuadas. Estas carencias solo pueden ser subsanadas mediante actuaciones debidamente planificadas desde el centro, que persigan, no solo la resolución de conflictos, sino el fortalecimiento de actitudes y hábitos sanos de convivencia, transferibles a la vida extra-escolar. Y sin embargo, nos solemos encontrar con un abandono casi absoluto de la vertiente formativa socio-emocional. Mientras los alumnos perturbadores, auténticos expertos en afrontamientos de conflictos, tras ver pasar entre sí multitud de profesores de los más variados estilos, se adaptan funcionalmente al aula, actuando en equipo, apoyándose mutuamente y adoptando conductas funcionales de carácter táctico, los profesores suelen actuar en solitario y mediante conductas improvisadas e intuitivas, frecuentemente disfuncionales. Se da, pues, la paradoja de que, mientras los alumnos sí emiten conductas eficaces para los propósitos que persiguen (adaptativas), muchos profesores hacen justamente lo contrario, emitiendo conductas que refuerzan más que inhiben las conductas disruptivas de sus alumnos (inadaptativas). Demasiada ventaja.

Desde esta perspectiva de la situación. se nos aparece la ESEcomo un instrumento imprescindible que sirve para resolver y evitar conflictos, pero sobre todo para fortalecer las competencias socio-emocionales de los alumnos y corregir actitudes. Hablamos del profesor-entrenador en ESE. El profesor puede aprovechar cada conflicto para introducir breves cuñas socio-emocionales que entrenen habilidades  intrapersonales incompatibles con los conflictos y la disrupción: cada falta de autocontrol es una ocasión para introducir una cuña de autocontrol; cada insulto o intimidación, una ocasión para introducir una cuña de respeto y adopción de perspectiva; cada actitud apática detectada, una ocasión para entrenar la automotivación o fuerza de voluntad; y así con la empatía, la responsabilidad o la autoestima… Se trata de introducir en los centros un plan de actuación sistemático e integral de ESE: usar la ESE para gestionar los conflictos y usar los conflictos para abordar sistemáticamente la ESE. Veamos cómo.

Juan Vaello Orts

 

Estrategias para la mejora de la gestión de aula. Juan Vaello

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Juan Vaello aporta sugerencias pensadas para intervenir directamente en el aula, desde una cultura de búsqueda de soluciones alejada de las quejas y las lamentaciones y teniendo en cuenta que todas ellas forman parte de una visión global de la educación, y no recetas inconexas. Frente al pesimismo imperante y a la consideración de que no hay soluciones mágicas en la educación opone el optimismo pedagógico del buen hacer profesional.