Archivo de la categoría: GESTIÓN DEL AULA

Un antidoto contra los conflictos. Juan Vaello

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La ESE es el entrenamientos de los alumnos (y del profesor) en una serie de habilidades sociales y emocionales que contribuyen a su desarrollo emocional y forman un lecho sobre el que se asienta el aprendizaje cognitivo.

 

El aula (y el centro escolar) es un lugar de aprendizaje de competencias cognitivas y socio-emocionales, entre otras. La falta de competencias  cognitivas se plasma en bajos resultados académicos, mientras la falta de competencias socio-emocionales se materializa en la aparición de conflictos, generalmente interpersonales, que normalmente acaban reflejados en las quejas manifestadas por escrito por los profesores en forma de partes o amonestaciones disciplinarias. No se puede hablar, por tanto, por separado de rendimiento académico y de convivencia: forman parte de un único currículo, si se entiende éste como instrumento al servicio de una formación integral y un desarrollo personal equilibrado. Casi todos los conflictos presentes en las aulas son un reflejo de la ausencia de competencias socio-emocionales: falta de respeto y autocontrol, agresividad, desmotivación, ausencia de límites… son ejemplos de problemas que caen absolutamente dentro del ámbito de lo socio-emocional. Desde este punto de vista, deben ser contemplados como señales de carencias competenciales y ser considerados como ocasiones aprovechables para educar-entrenar socio-emocionalmente a los alumnos mediante la corrección sistemática de conductas y actitudes inadecuadas. Estas carencias solo pueden ser subsanadas mediante actuaciones debidamente planificadas desde el centro, que persigan, no solo la resolución de conflictos, sino el fortalecimiento de actitudes y hábitos sanos de convivencia, transferibles a la vida extra-escolar. Y sin embargo, nos solemos encontrar con un abandono casi absoluto de la vertiente formativa socio-emocional. Mientras los alumnos perturbadores, auténticos expertos en afrontamientos de conflictos, tras ver pasar entre sí multitud de profesores de los más variados estilos, se adaptan funcionalmente al aula, actuando en equipo, apoyándose mutuamente y adoptando conductas funcionales de carácter táctico, los profesores suelen actuar en solitario y mediante conductas improvisadas e intuitivas, frecuentemente disfuncionales. Se da, pues, la paradoja de que, mientras los alumnos sí emiten conductas eficaces para los propósitos que persiguen (adaptativas), muchos profesores hacen justamente lo contrario, emitiendo conductas que refuerzan más que inhiben las conductas disruptivas de sus alumnos (inadaptativas). Demasiada ventaja.

Desde esta perspectiva de la situación. se nos aparece la ESEcomo un instrumento imprescindible que sirve para resolver y evitar conflictos, pero sobre todo para fortalecer las competencias socio-emocionales de los alumnos y corregir actitudes. Hablamos del profesor-entrenador en ESE. El profesor puede aprovechar cada conflicto para introducir breves cuñas socio-emocionales que entrenen habilidades  intrapersonales incompatibles con los conflictos y la disrupción: cada falta de autocontrol es una ocasión para introducir una cuña de autocontrol; cada insulto o intimidación, una ocasión para introducir una cuña de respeto y adopción de perspectiva; cada actitud apática detectada, una ocasión para entrenar la automotivación o fuerza de voluntad; y así con la empatía, la responsabilidad o la autoestima… Se trata de introducir en los centros un plan de actuación sistemático e integral de ESE: usar la ESE para gestionar los conflictos y usar los conflictos para abordar sistemáticamente la ESE. Veamos cómo.

Juan Vaello Orts

 

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Estrategias para la mejora de la gestión de aula. Juan Vaello

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Juan Vaello aporta sugerencias pensadas para intervenir directamente en el aula, desde una cultura de búsqueda de soluciones alejada de las quejas y las lamentaciones y teniendo en cuenta que todas ellas forman parte de una visión global de la educación, y no recetas inconexas. Frente al pesimismo imperante y a la consideración de que no hay soluciones mágicas en la educación opone el optimismo pedagógico del buen hacer profesional.

 

 

ESTRATEGIAS Y TÉCNICAS DE GESTIÓN EN EL AULA

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Valga este ejemplo, con la presentación de Juan Pedro Serrano Latorre, como una de las muchas ideas sobre nuestra actuación en el aula. Se nota que es un buen profesor porque respeta profundamente al alumno y esa es la fórmula más acertada de un maestro para hacerse respetar en el aula.

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EL JUEGO DE LA DISCIPLINA

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EL JUEGO…

El agente educativo más importante en los primeros años de existencia de un niño es su familia; el grupo humano primario más importante en la vida de un hombre y probablemente la institución más estable en toda la historia de la humanidad. La educación escolar amplía el entorno social de ese niño y le descubre un mundo mucho más grande con unas “reglas del juego” mucho más sofisticadas donde desarrolla, mejora y perfecciona su sociabilidad rodeado por una suerte de “familia” mucho más extensa formada por sus compañeros y maestros. De los juegos de aprendizaje con sus padres y familiares cercanos, pasa a jugar con sus amigos de la escuela bajo el cuidado de sus maestros. Entendiendo, pues, el juego como una actividad que se realiza para la diversión y el disfrute de los participantes, se pensó, hace mucho tiempo, utilizarlo como herramienta educativa y esto es así porque, desde el punto de vista de la Antropología Evolutiva y más concretamente de la Psicología del Desarrollo, el juego ha sido siempre yes una actividad muy divertida para el ser humano pues durante todo su desarrollo le ha servido para aprender a relacionarse, como digo, desde el ámbito familiar hasta el terreno material, social y cultural.

¿CÓMO APLICAR ESTE CONOCIMIENTO EN EL AULA?

Todos los “habitantes” del aula, jóvenes y adultos, hemos jugado durante la mayor parte de nuestra vida y en lo que concierne a los alumnos da la impresión que no paran de jugar y algunas veces incluso opinamos los profesores que los alumnos no paran de hacerlo ni en la misma sala de clase. Esto se manifiesta en el aula con interrupciones al profesor, molestar a los compañeros de clase y todo tipo de conductas inapropiadas que impiden el normal desarrollo de la enseñanza y el aprendizaje. Es por eso que Lee y Marlene Canternos descubren algo que todos habíamos pasado por alto y de lo que ya he tratado en algunos artículos de este blog: el reglamento del juego… Lo sabemos todo sobre el juego, no solo un juego sino casi todos los juegos; sabemos que un empujón dentro del área se castiga con un penalti, que una patada en cualquier parte del terreno de juego es una falta que se avisa con tarjeta amarilla y si vuelve a ocurrir otra vez… tarjeta roja y expulsión; sabemos cuales son las líneas señaladas en la cancha, el fuera de banda, el córner, el punto de penalti… Todos los chicos y chicas del aula tienen este conocimiento de todos los juegos, en la oca, en el parchís, en el ajedrez, en el voleibol… Pues nosotros los profesores también, por tanto, somos los árbitros y podemos dejar bien claro cuáles son las reglas del juego que transcurre en el aula y que no es otro que la enseñanza-aprendizaje… y estamos en el aula para no permitir las trampas y sancionar a los que cometen faltas.

 

© copyright (Todos los derechos reservados para artículos firmados por el profesor David Romero Martín)

DIVERSIDAD EN NUESTRAS AULAS

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clase

 

El aula del siglo XXI…

Demos un pequeño repaso a la historia de la escuela pública en nuestro país y llegaremos, con algo de fortuna, a comprender la definición y significado de lo que entendemos por “aula” pues no se trata simplemente de una sala donde un profesor imparte lecciones a los alumnos mediante su disertación con una pizarra o cualquier otro medio didáctico que facilite y enriquezca sus explicaciones ya que este acto podría ocurrir en la orilla de la playa o en medio de un campo. Así que podríamos atrevernos a decir que un aula es cualquier sitio adecuado para que se haga posible el maravilloso “milagro” de la enseñanza-aprendizaje.

La escuela pública de nuestros abuelos e incluso la de nuestros padres no se parece en nada a la nuestra. Prácticamente hasta la década de los sesenta, en los pueblos solo se conseguían estudios primarios lo que condenaba al niño estudiante, casi siempre, a ser como su padre o como su madre que también fueron a la misma escuela, es decir, las chicas unas buenas amas de casa y los chicos emplearse en la actividad agraria, ganadera o industrial de la localidad. En las capitales de provincia se disfrutaba, en cambio, del privilegio de ir al instituto e incluso de dar el “gran salto” a la universidad lo que determinaba que ese estudiante pudiera rebasar a sus padres en educación, conocimientos y habilidades para vivir de otra forma la vida cambiando por completo el paisaje de su existencia.

Así que la escuela pública (sin ahondar en determinantes políticos y sociales) tenía como objeto en los pueblos, dotar de una enseñanza elemental a sus habitantes, consistente en saber leer, escribir y adquirir habilidades básicas aritméticas para poder contar y tener una idea simple del dinero y las finanzas. Eran los profesores de religión –tanto en el pueblo como en la ciudad– los encargados de encauzar a los alumnos por “el buen camino” de la moral católica y las costumbres… esa suerte de pedagogía endogámica “atrapaba” para siempre a los estudiantes en su pueblo y solo el reclutamiento militar o la emigración laboral les daba la “oportunidad” de conocer otras ciudades y a otras gentes. Esta era la escuela pública en los pueblos, no daba para más… En las capitales de provincia, sin embargo, el mismo sistema educativo estaba obligado a proporcionar a la gran ciudad los profesionales necesarios y capacitados para la administración creciente, la industria en desarrollo, los hospitales en construcción y la necesaria educación en una sociedad en plena reestructuración que comenzaba un cierto despegue económico y necesitaba de técnicos y personal cualificado de todas las categorías.

Así que partiendo de esta descripción social, muy alejada de la escuela privaday las clases más favorecidas, podemos imaginar el aula de nuestros abuelos prácticamente como un barracón religioso-militar en la que orden obedienciaestaban por encima de todo a la hora de recibir el “privilegio estatal” de un título de “graduado escolar” en los pueblos y un bachillerato o incluso una carrera universitaria en las capitales de provincia. Esta es pues, el aula a la que me refiero y es su evolución la que quiero describir. Veamos como evoluciona el aula de los años sesenta, anclada en el panorama normativo de una época, prácticamente de posguerra, que apenas destinaba recursos a la educación pública, en la que un alumno no tenía nada que decir y el profesor se limitaba a “dictar” un exiguo plan de estudios con libros doctrinarios y obsoletos que empobrecían la vida intelectual y económica de la comunidad escolar pública a extremos de retratar indignamente al maestro en “las viejas canciones para después de una guerra” como un pobre de solemnidad con aquel refrán que decía: “pasa más hambre que un maestro de escuela…” Estoy recordando a todos que había una escuela para niñas y otra para los niños, un instituto en las ciudades para los chicos y un instituto femenino para las chicas… por lo tanto, dos aulas muy distintas…

Merece en justicia mencionar Ley General de Educación de 1970 que fue una de las cosas que medianamente bien se hicieron en este país en el ámbito de la educación, sobre todo, por su altura de miras pues reflejaba una visión de conjunto del sistema educativo y en materia de FP se consiguieron logros muy importantes. También supuso la ampliación de la red de centros de secundaria por todo el territorio nacional, siendo un avance significativo en su política educativa a pesar de haber sido elaborada y promulgada por un gobierno no democrático.

Entremos pues en el aula del siglo veintiuno y el asunto que voy a tratar es “delicado” porque en plena era de las tecnologías de la información es tal nuestro retraso que el paisaje del aula de hoy, a pesar de su diversidad, refleja una escuela tan arcaica como aquella de los sesenta. En mi modesta opinión, la disparatada política educativa de los gobiernos del franquismo, fue el producto de las idea obtusas de unas clases dominantes que nunca entendieron que el desarrollismo económico solo sería posible con una buena formación de los cuadros intermedios tanto en el área administrativa como en la técnica y unos trabajadores especializados y competitivos capaces de ofrecer productos de calidad acordes con los adelantos técnicos de una sociedad española cambiante que buscaba su sitio en la Europa naciente. Si las clases favorecidas vivían en los sesenta su mundo privado, con sus hijos en la escuela privada destinada a formar a los dirigentes futuros de la sociedad y olvidando -por no decir ignorando- los recursos humanos indispensables para una “empresa moderna” capaz de crecer en una economía de competición en la sociedad democrática, los gobiernos de hoy se incorporan de una forma “demasiado lenta” al proyecto educativo y adolecen ahora de ese mismo “lastre interpretativo” de la educación pública como determinante para una economía global que requiere de un aula eficiente con un proyecto europeo educativo que genere un “nuevo ciudadano” con un perfil que solo puede explicarse con una nueva escuela para el siglo veintiuno.

El aula del siglo XXI de la que hablo, en la que yo imparto clase ahora, no es homogénea ni social ni económicamente. Los chicos y las chicas estudian juntos, no está anclada en su terruño porque muchos de sus componentes han podido utilizar modernos medios de comunicaciones aéreas, marítimas y terrestres, muchos son inmigrantes y otros “desplazados” sociales y hasta marginales. El aula de hoy no tiene nada que ver con aquella escuela de los sesenta,enormemente estable y anclada en la tradición cultural española. El aula en la que doy mis clases no está sometida a adoctrinamiento ni es monocroma sino que es muy diversa, con una población estudiantil heterogénea, multicolor, con lengua materna distinta, con otras costumbres, religiones y dioses distintos, distinta cultura alimentaria y todo ello “aderezado” con una extraordinaria influencia de los medios de comunicación de masas con sus modas, sus musicas de fusión y sus artilugios de comunicación que, paradójicamente, convierten al alumno en un “estudiante globalizado” sometido a una hiperbólica producción de imágenes violentas, a una sobre saturación de mensajes publicitarios y a una suerte de “filosofía subliminal” capaz de distorsionar gravemente su proceso educativo.

No es pues un aula estable porque tiempo atrás el alumno sabía que un título académico era la mejor certificación para obtener un buen empleo y sabe que ahora, incluso en el mejor de los casos, la escuela no garantiza nada para ellos sumergiendo sus sueños de consumo y bienestar en una idea oscura sobre su futuro. El alumno de hoy no es ajeno a la crisis económica cíclica y permanente que nos angustia en los informativos y en la realidad de la calle; una crisis que percibe en su propio hogar con un cúmulo de problemas que condiciona el ambiente de su domicilio y determina su sociabilidad en el aula.

En este aula de hoy, creo, se hace necesaria una formación urgente para todo el personal docente ante este nuevo paisaje generador de otros nuevos conflictos. Profesores que sean capaces de transmitir a los alumnos que el disfrute de todos sus derechos les obliga a aceptar las normas de convivencia y, sobre todo, a aprovechar la oportunidad que la sociedad les ofrece para formarse, adquirir conocimientos e integrarse en una sociedad enormemente competitiva y compleja en la que tendrán que vivir su vida.

En el IES San José de Cortegana hemos comprendido todo esto y llevamos unos años teniendo en cuenta todas estas circunstancias personales y académicas de nuestros alumnos, sus anhelos y sus desengaños, sus sueños y sus pesadillas. Trabajamos para explicarles la dureza de la vida y también las grandes oportunidades que les esperan si se preparan bien y viven su vida académica como una gran aventura escolar de conocimiento entre sus compañeros de clase y para ello es necesario posibilitar un grado óptimo de convivencia en el centro.

Sabemos que nos queda mucho camino por delante pero lo más importante ya lo hemos conseguido: hemos descubierto que el éxito de nuestro trabajo solo es posible si ponemos toda nuestra inteligencia y todo nuestro conocimiento profesional en este proyecto en marcha que requiere de la implantación de estrategias pedagógicas y didácticas de carácter científico para enseñar en esta nueva escuela y, sobre todo, hemos entendido que se puede conseguir una nueva visión del “arte de enseñar” para gestionar el aula.

David Romero Martín (Jefe de Estudios del IES San José) Cortegana- HUELVA

DISCIPLINA, VALORES Y OTROS “INGREDIENTES” PARA EL AULA…

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“EL ALUMNO VIVE EN UNA SOCIEDAD SOBRESATURADA DE IMÁGENES, MENSAJES CONFUSOS Y RODEADO DE PANTALLAS EN CASI TODAS LAS ACTIVIDADES DE SU VIDA… ESO VA A DETERMINAR SU COMPORTAMIENTO EN EL AULA”

LOS ACTORES PRINCIPALES…
Con estos dos ejemplos audiovisuales pretendo aproximar a los lectores de este blog al concepto de disciplina y al listado “interminable” de valores que se manejan -con más o menos acierto- en la educación, entendiendo que el aula es el escenario donde se representa la “gran obra” de aprender y educar. Los modelos tradicionales de actuación en clase, han ido evolucionando a distinta velocidad que el paisaje social, con el serio inconveniente de “pillar” desprevenidos a los docentes en un aula distinta, con alto grado de diversidad y determinada por “roles” familiares y sociales sumamente complejos. No podemos olvidar que el hogar, ese otro territorio fundamental para la educación del joven estudiante, es quizás el escenario más importante pues en él se barajan lo primigenio de la conducta, las emociones y la sociabilidad del alumno.
LOS ACTORES SECUNDARIOS…
El comportamiento de los alumnos en el aula de hoy está notablemente influenciado por los medios de difusión de masas que están “globalizando” de forma inesperada no solo el comercio y la libre circulación de las personas sino también conductas agresivas producto de una masiva circulación de imágenes violentas y una publicidad subliminal de consumo compulsivo que distorsiona el proceso educativo del alumno. Resulta paradójico que en esta era de la comunicación universal, rodeados por todo tipo de terminales telemáticos, encontremos la más grande incomunicación entre los adolescentes, con una preocupante adicción a los teléfonos móviles y una incapacidad evidente para relacionarse en el medio escolar donde tiene que adquirir educación y conocimientos junto a sus compañeros.

 

 

LA DISCIPLINA…

Desde tiempo inmemorial, el gran problema de un maestro ha sido crear un verdadero ambiente de disciplina cuando actúa ante sus alumnos. Así que inicialmente se comenzó con actuaciones autocráticas que intimidaban al alumno, enojo, subidas de todo y algún que otro grito… Algunos, más permisivos, utilizaron estrategias de advertencia, dar otras oportunidades y repetir incansablemente. Así que una por ser rígida y otra por ser flexible, acabaron en la papelera…

Valgan estos dos vídeos y esta breve introducción para que todos nos aproximemos, en el próximo artículo, a la

DISCIPLINA ASERTIVA

 

 

Asertividad